Con ocasión del octogésimo cumpleaños de Carl Menger, Ludwig von Mises rinde homenaje a su obra y a su influencia en la economía política. Describe cómo la ciencia estaba estancada hacia mediados del siglo diecinueve y cómo, hacia 1871, Menger en Austria, Jevons en Inglaterra y Léon Walras en Suiza, de manera independiente entre sí, asentaron la teoría del valor sobre el valor de uso subjetivo de los bienes. Los 'Principios de economía política' de Menger se describen como el libro que revolucionó la disciplina y sobre el que se apoya todo el trabajo posterior. El texto remite a las 'Investigaciones sobre el método de las ciencias sociales' de 1883, a las contribuciones de Menger al problema de la moneda y a Wieser y Böhm-Bawerk como los demás representantes principales de la escuela austriaca. Por último, Mises asigna a la obra de la vida de Menger un rango imperecedero en la historia de las ciencias sociales.
En el octogésimo aniversario de Karl Menger.
El desarrollo de las ciencias no se produce mediante un ascenso uniforme e ininterrumpido; a los períodos de grandes logros suceden otros de agotamiento intelectual, a los maestros suceden los epígonos, hasta que hombres geniales propician de nuevo una época de esplendor. Hacia mediados del siglo diecinueve, la economía política había llegado sin duda a un punto muerto. Se percibía lo insatisfactorio del sistema transmitido por la economía política clásica, pero no se estaba en condiciones de superarlo. Para tan solo formular correctamente los problemas que aquí debían resolverse, hacían falta hombres que no fueran inferiores a Ricardo en genialidad. Tales hombres faltaban. Tampoco John Stuart Mill, el economista más original de aquellos días, era el hombre indicado para ello.
El francés Dupuit y el asesor prusiano Gossen habían intentado seguir el camino que debía recorrerse. Sin conocer sus escritos, que se habían perdido, y de manera independiente entre sí, surgieron hacia 1871, casi al mismo tiempo, Karl Menger en Austria, Jevons en Inglaterra y Léon Walras en Suiza. Sus obras presentan una curiosa coincidencia en todo lo fundamental. Sin embargo, esta idea fundamental —la fundamentación coherente de la teoría del valor sobre el valor de uso subjetivo de los bienes— está elaborada con mayor agudeza en Menger. Sus Principios de economía política, un delgado volumen, revolucionaron por completo la ciencia económica. Todo lo que se ha logrado desde entonces se asienta sobre las obras de Menger. La teoría de la utilidad marginal encontró en Austria, junto a Menger, sus representantes más destacados en Wieser y en el prematuramente fallecido Böhm-Bawerk; suele agruparse a estos tres bajo la denominación de «la Escuela austriaca», y con ese nombre han alcanzado renombre mundial. Donde menos reconocimiento lograron fue en Alemania; incomparablemente mayor fue su éxito en Inglaterra, en Italia, en los Países Bajos y en los países escandinavos. La economía política americana moderna se basa en los trabajos de la «Escuela austriaca».
En el año 1883 publicó Menger sus Investigaciones sobre el método de las ciencias sociales y de la economía política en particular. Con este libro, concebido inicialmente como crítica del relativismo y del historicismo entonces dominantes en Alemania, abrió nuevos caminos a la lógica y a la teoría del conocimiento de las ciencias del espíritu. También este libro recibió al principio escasa atención; pasaron más de veinte años hasta que se reconoció plenamente su importancia. Los trabajos metodológicos más recientes están enteramente bajo la influencia de esta obra.
Menger no fue un escritor prolífico; sus publicaciones ocupan, en cuanto a su extensión, poco espacio. Tampoco tomó la pluma sino rara vez para contribuir al esclarecimiento de cuestiones económicas de actualidad. De los asuntos del día, el que más lo atrajo fue el problema monetario. Su pequeño tratado sobre el problema monetario austriaco y sus exposiciones en la encuesta sobre la moneda del año 1892 influyeron de manera decisiva en la reforma del sistema monetario austriaco. Trató también repetidamente la teoría del dinero de un modo puramente teórico, sobre todo en una contribución clásica para el Handwörterbuch der Staatswissenschaften.
Los trabajos de Menger, como ya se ha mencionado, no encontraron durante mucho tiempo reconocimiento; solo más tarde fueron plenamente apreciados, y año tras año creció su prestigio. Hoy puede afirmarse sin exageración que la Escuela austriaca de economía política ocupa un lugar imperecedero en la historia de las ciencias sociales. Karl Menger puede contemplar con orgullo y satisfacción la obra de su vida. Ojalá le sea aún concedido llevar a término los grandes trabajos en los que se halla ocupado.