El prólogo de Ludwig von Mises (Viena, 5 de enero de 1926) introduce la crítica de Siegfried Strakosch al nuevo programa agrario de la socialdemocracia austriaca. Mises interpreta ese programa como un intento de convertir una gran parte de la agricultura y la silvicultura en una explotación deficitaria: expropiación y estatización de la gran propiedad rústica y de los bosques, pese a que, según su exposición, las empresas públicas trabajan en su totalidad con déficits. Argumenta que el programa promete al electorado rural gastos con fondos públicos sin indicar su financiación, y que apunta únicamente a ganar votos. Strakosch, presentado por Mises como agricultor exitoso así como naturalista y escritor de economía política, examina el programa en detalle. Mises confía en que su exposición objetiva abra los ojos a los lectores sobre el peligro de su aplicación.
Prólogo.
Con el derrumbe de la ideología socialista y el fracaso de sus recetas para la felicidad universal, el partido socialdemócrata no ha desaparecido de la escena. Subsistió, incluso después de que su programa originario hubiera fracasado. Por más que no quiera reconocerlo abiertamente, su nuevo programa se llama: consumo de las masas de bienes acumuladas por el capitalismo.
En el nuevo programa agrario de la socialdemocracia austríaca, este afán se nos presenta de manera más descubierta y abierta que de costumbre. La gran explotación agrícola trabaja de modo más racional que el campesino y el propietario de parcelas; el programa agrario no puede negarlo, pero exige sin embargo la expropiación de la gran propiedad rústica agrícola y su transferencia a la propiedad de la Federación, aunque todo el mundo sabe que todas las explotaciones federales trabajan con pérdidas de explotación. El doce por ciento de la superficie forestal total de Austria es administrado por la Federación; estos bosques devoran cada año un déficit de miles de millones, mientras que todos los propietarios forestales privados obtienen beneficios. No obstante, el programa agrario exige la expropiación y la estatización de la gran propiedad forestal privada. Los bosques socializados, se dice además, no deben administrarse «como bosques capitalistas de rendimiento, sino como bosques socialistas de bienestar». El añadido era superfluo; tras las experiencias que hemos tenido ocasión de hacer en abundancia, nadie temerá de todos modos que las explotaciones de la Federación o de la economía colectiva puedan arrojar beneficios. En una palabra: el objetivo que persigue el programa agrario socialdemócrata es la transformación de gran parte de la agricultura y la silvicultura en una explotación deficitaria; el suelo y la tierra ya no deben arrojar ningún rendimiento neto, y quienes se ocupan de su cultivo deben ser sostenidos mediante aportes procedentes de otras fuentes. Casi todos los párrafos del programa agrario hablan de gastos con cargo a fondos públicos en favor de la agricultura. Así, por ejemplo, deben «fomentarse con fondos públicos» las cooperativas de tiro de los chacareros y los pequeños campesinos. Se exige además el empleo de fondos federales y provinciales para medidas que faciliten la obtención de buena semilla, abono artificial y buenos animales de cría, para la creación de estaciones de maquinaria agrícola, etc.
De dónde han de provenir los medios para sufragar todos estos gastos, no se dice ciertamente en el programa socialdemócrata. En cambio, se propone la supresión de diversos impuestos hoy existentes, por ejemplo el impuesto al azúcar y el impuesto al vino. ¡La reducción del impuesto al vino ha de fomentar sin duda el alcoholismo! Los reparos objetivos no parecen haber atormentado demasiado a los redactores del nuevo programa agrario socialdemócrata. El único punto de vista que tuvieron al redactar el programa era precisamente este: el efecto sobre los electores.
Hasta ahora, el partido socialdemócrata ha representado, en el tratamiento de todas las cuestiones relacionadas con la agricultura, exclusivamente el punto de vista del consumidor urbano. Pero ahora, para alcanzar el dominio pleno, necesita también los votos del electorado rural, y por ello esboza un programa agrario lleno de promesas seductoras. ¿Se dejarán engañar los agricultores por este programa? ¿No reconocerán que, a la larga, no le será posible al partido socialdemócrata imponer cargas a la población urbana en favor de la agricultura? ¿No les resultará sospechoso el interés que de pronto ha despertado en el partido socialdemócrata por los asuntos agrícolas?
El Dr. Siegfried Strakosch, nuestro agricultor más exitoso, igualmente eminente como naturalista y como escritor económico, se ha impuesto la tarea de examinar en detalle el programa agrario socialdemócrata. Cuando el Dr. Strakosch habla de problemas de política agraria, todo el mundo en Austria puede aprender, aunque no esté del todo de acuerdo con él en algunas cuestiones económicas. La sobria objetividad de sus exposiciones no dejará de surtir efecto. Esperemos que abra los ojos a más de uno sobre la magnitud del peligro que la ejecución, aunque solo fuera de una parte del programa agrario socialdemócrata, habría de conjurar sobre nuestro país.
Viena, 5 de enero de 1926.
Profesor Dr. Ludwig Mises.