Ludwig Mises reseña la obra de Waldemar Mitscherlich El nacionalismo de Europa Occidental (Der Nationalismus Westeuropas, Leipzig 1920). En el centro está la distinción entre nacionalidad, el hecho de la diversidad nacional de los seres humanos, y nacionalismo, la eficacia de determinadas ideologías que atribuyen a esa diversidad un significado para el comportamiento social. Mises sostiene que la falta de atención a esta distinción ha llevado a buscar el criterio de la nación en otro lugar distinto de la comunidad lingüística, y remite a Arndt, Jakob Grimm y Wilhelm Scherer. Valora la obra de Mitscherlich como un intento sobre todo de orientación histórica de explicar genéticamente el surgimiento del nacionalismo de Europa Occidental, pero critica el descuido del problema económico, en especial de la conexión entre nacionalismo y proteccionismo, y el ideal de una economía de unión autárquica que de ahí se sigue.
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Mitscherlich, Waldemar, catedrático ordinario de Ciencias del Estado en la Universidad de Breslavia, Der Nationalismus Westeuropas. Leipzig 1920. C. L. Hirschfeld. XV, 373 págs.
Nada obstaculiza más el progreso del conocimiento del problema sociológico de la nación que la negligencia de la distinción entre nacionalidad y nacionalismo, es decir, entre el hecho de la diversidad nacional de los hombres y el hecho de la eficacia de determinadas ideologías que atribuyen a la diversidad nacional de los hombres un significado concreto para la conducta social. Hay que distinguir con precisión entre el hecho de la pertenencia al pueblo alemán y el hecho de la pertenencia al partido nacional-alemán. Tampoco el partidario del partido nacional-alemán negará la pertenencia al pueblo alemán a cualquier alemán que no comparta sus concepciones sobre la política alemana; es más, a veces, mediante una afirmación como esta: semejante laxitud en cuestiones nacionales solo puede darse entre alemanes, eso es auténticamente alemán, confirmará expresamente al adversario político la pertenencia al pueblo alemán. La ideología nacionalista de partido reivindica que todo aquel a quien ella considera parte de la nación se adhiera a ella; pero no siempre tiene por qué contar entre la nación a aquellos que una delimitación de las fronteras nacionales realizada desde otros puntos de vista todavía incluiría en ella. El nacionalista ruso cuenta sin más a los pequeños rusos y a los rusos blancos como parte de la nación rusa; el nacionalismo checo de hoy no quiere contar como parte de la propia nación a los descendientes de los linajes nobiliarios católicos llegados al país durante la Guerra de los Treinta Años, y el ala antisemita del nacionalismo de la mayoría de los pueblos europeos no quiere contar a los judíos como parte de la propia nación. Croatas y serbios, uno solo en cuanto a nacionalidad, han desarrollado ideologías político-nacionales particulares y contrapuestas entre sí, con cuya fuerza divergente ha de lidiar el nuevo Estado yugoslavo.
Que se haya descuidado esta distinción entre nacionalidad y nacionalismo ha conducido, en último término, a que se quisiera buscar el criterio de la nación en otro lugar que no fuera la comunidad de lengua. No puede ser tarea de estas líneas confrontarse con la insuficiencia de todos esos intentos de determinar el concepto de nación. Solo cabe señalar una cosa: para los autores que se ocuparon del problema sin ninguna mirada de soslayo hacia las ideologías políticas, era un hecho establecido que lo nacional reside en la comunidad lingüística; así para E. M. Arndt, para Jakob Grimm, para Wilhelm Scherer. Solo cuando del moderno pensamiento liberal de la Libertad surgió el moderno principio de nacionalidad y se transformó en imperialismo, empezó a distinguirse entre la comunidad lingüística y la nacionalidad.
La presente obra de Mitscherlich está orientada ante todo desde el punto de vista histórico. Trata de explicar genéticamente el devenir del nacionalismo de Europa Occidental, que es completamente distinto del de Europa Oriental. Aporta con ello una abundancia de nuevos puntos de vista e ideas. Lamentablemente descuida el problema económico. El nacionalismo moderno está tan estrechamente vinculado con el proteccionismo que no puede investigarse de manera exhaustiva si no se examinan al mismo tiempo las ideas fundamentales de las modernas teorías del arancel proteccionista. La negligencia de la confrontación crítica con las ideas y teorías del librecambio y de la autarquía nacional conduce al autor a un ideal de economía de unión que él, según parece creer, considera mediador entre los opuestos. La economía de unión debe ser una formación económica autárquica que abarque varios pueblos y Estados. Pero los afanes de autarquía no pueden fundamentarse de otro modo que con consideraciones de política nacional; una autarquía que sea indiferente desde el punto de vista de la política nacional no encuentra defensor alguno. No se alcanza a ver qué podría apartar a los Estados del librecambio,
Todo aquel que quiera ocuparse del problema del nacionalismo y del imperialismo extraerá de la obra de Mitscherlich múltiples estímulos y enseñanzas.