Apéndice B: La riqueza
Las investigaciones sobre la naturaleza de los bienes económicos comenzaron con los intentos de definir el concepto de riqueza en la economía de un individuo. Adam Smith apenas rozó la cuestión, pero las sugerencias que formuló han tenido los efectos de mayor alcance sobre las teorías de la riqueza. «Una vez que la división del trabajo se ha establecido por completo», dice, «. . . un hombre . . . ha de ser rico o pobre según la cantidad de aquel trabajo de que pueda disponer o que pueda permitirse comprar.» (Wealth of Nations, Modern Library Edition, New York, 1937, p. 30.) De ello cabe concluir, como extensión coherente de la teoría smithiana, que el que un bien nos proporcione o no disposición sobre trabajo (o, lo que para Smith es lo mismo, el que tenga o no valor de cambio) es el criterio por el cual ha de juzgarse su carácter como objeto de riqueza (en la economía de un individuo). También Say sigue esta línea de razonamiento. En su Traité d'économie politique (Paris, 1803, p. 2) separa los bienes que tienen valor de cambio de los que no lo tienen, y excluye estos últimos de la riqueza. («Ce qui n’a point de valeur, ne saurait être une richesse. Ces choses ne sont pas du domaine d’économie politique.») En sus Principles of Political Economy and Taxation (ed. por E.C.K. Gonner, London, 1891, p. 258), Ricardo también distingue entre el valor y los bienes («riches»), y se aparta de sus predecesores solo en que emplea la palabra «riches» en un sentido marcadamente distinto de aquel en que Say usa la palabra «richesse». Siguiendo a Adam Smith (op. cit., pp. 314ss.), Malthus buscó el criterio del carácter de riqueza de los bienes en si son o no objetos tangibles (Principles of Political Economy, London, 1820, p. 28), y también en sus escritos posteriores circunscribe el concepto de riqueza a los bienes materiales. Entre los autores alemanes, esta misma opinión la sostienen H. Storch (Cours d'économie politique, St. Petersburg, 1815, I, 108ss.); F.C. Fulda (Grundsätze der ökonomisch-politischen oder Kameralwissenschaften, Tübingen, 1816, p. 2); J.A. Oberndorfer (System der Nationalökonomie, Landshut, 1822, pp. 64–65); K.H. Rau (Grundsätze der Volkswirthschaftslehre, Heidelberg, 1847, p. 1); J.F.E. Lotz (Handbuch der Staatswirthschaftslehre, Erlangen, 1837, I, 19); y Theodor Bernhardi (Versuch einer Kritik der Gründe die für grosses und kleines Grundeigentum angeführt werden, St. Petersburg, 1849, pp. 134ss., y especialmente pp. 143ss.).
Los autores que han argumentado contra la exclusión de los bienes inmateriales son: J.B. Say (Cours complet d'économie politique pratique, Paris, 1840, I, 89), J.R. McCulloch (Principles of Political Economy, London, 1830, pp. 6ss.), F. v. Hermann (Staatswirthschaftliche Untersuchungen, München, 1874, pp. 21ss.) y Wilhelm Roscher (Grundlagen der Nationalökonomie, vigésima edición, Stuttgart, 1892, p. 16). Malthus ya había reconocido que el concepto de riqueza no puede definirse correctamente limitándolo a los bienes materiales (Principles of Political Economy, segunda edición, London, 1836, p. 34), pero tendré ocasión más adelante de examinar sus cambiantes intentos de proporcionar una definición de riqueza.
Los representantes más recientes de la economía política en Inglaterra vinculan el concepto de riqueza casi exclusivamente a los objetos que poseen valor de cambio. Véase, por ejemplo, McCulloch (op. cit., p. 6); J.S. Mill (Principles of Political Economy, ed. por Sir W.J. Ashley, London, 1909, p. 9); y N.W. Senior (An Outline of the Science of Political Economy, London, 1836, p. 6). Entre los autores franceses recientes, sostienen esta opinión en particular Ambroise Clément y Auguste Walras (De la nature de la richesse et de l'originale la valeur, ed. por Gaëtan Pirou, Paris, 1938, pp. 146ss.).
Mientras que los economistas ingleses y franceses se limitan a distinguir entre los bienes que constituyen riqueza y los que no, Hermann (op. cit., p. 12) profundiza mucho más, pues contrapone los bienes económicos (objetos de la economización) a los bienes libres. Esta distinción se ha mantenido desde entonces en la economía alemana con pocas excepciones. Pero Hermann define el concepto de bienes económicos de manera demasiado estrecha. Pues dice que un bien económico es «was nur gegen bestimmte Aufopferung, durch Arbeit oder Vergeltung hergestellt werden kann». Hace así depender el carácter económico de los bienes del trabajo o del intercambio entre los hombres (ibíd., p. 18). Pero ¿no son acaso los frutos que un individuo aislado puede recoger de los árboles sin trabajo bienes económicos para él si se hallan a su disposición en cantidades menores que sus necesidades de ellos? ¿Y no es acaso el agua de manantial, que también está a su disposición sin trabajo y en cantidades que exceden sus necesidades, un bien no económico?
Roscher, que había definido los bienes económicos en su Grundriss zu Vorlesungen über die Staatswirthschaft (Göttingen, 1843, p. 3) como los bienes «die in den Verkehr kommen», y que los había definido en las ediciones anteriores de su System der Volkswirthschaft (edición de 1857, p. 3) como «Güter, welche des Verkehrs fähig sind, oder wenigstens denselben fördern können», los define en las ediciones más recientes de su obra principal (Grundlagen der Nationalökonomie, vigésima edición, Stuttgart, 1892, p. 4) como «Zwecke und Mittel der Wirthschaft». Esta definición es una mera paráfrasis del concepto que debe definirse, y muestra que el eminente erudito considera todavía abierta la cuestión de los criterios para distinguir entre bienes económicos y no económicos. Véase también Das gesellschaftliche System der menschlichen Wirthschaft de Schäffle (Tübingen, 1873, I, 66ss.), y su «Die ethische Seite der nationalökonomischen Lehre vom Werthe» (publicado originalmente en Tübingen Universitätsschriften, 1862, y reimpreso en A.E.F. Schäffle, Gesammelte Aufsätze, Tübingen, 1885, I, 184–195).
Que las dificultades que los economistas no alemanes han tenido al intentar definir el concepto de «riqueza» provienen del hecho de que desconocen el concepto de «bien económico» queda ilustrado con la mayor claridad por los escritos de Malthus. En la primera edición de sus Principles of Political Economy, publicada en 1820, define la riqueza como «those material objects which are necessary, useful, or agreeable to mankind» (p. 28). Dado que esta definición incluye en el concepto de «riqueza» todos los bienes (materiales), incluye incluso los bienes no económicos, y por esta razón resulta del todo demasiado amplia. En sus Definitions in Political Economy, que aparecieron siete años después, define la riqueza como «the material objects necessary, useful or agreeable to man, which have required some portion of human exertion to appropriate or produce» (p. 234.). En la segunda edición de sus Principles (London, 1836, pp. 33–34, nota) explica que «the latter part was added, in order to exclude air, light, rain, etc.». Pero reconoce que incluso esta definición es insostenible y dice (ibíd.) que «there is some objection to the introduction of the term industry or labour into the definition, because an object might be considered as wealth which has had no labour employed upon it». Finalmente, en el texto de la segunda edición (1836) de los Principles (p. 33) llega a la siguiente definición del concepto: «I should define wealth to be the material objects, necessary, useful, or agreeable to man, which are voluntarily appropriated by individuals or nations». Cae así en un nuevo error, al hacer del hecho de que un bien sea propiedad de un individuo que economiza la fuente de su carácter de riqueza (es decir, de su carácter económico).
Encontramos intentos cambiantes semejantes de llegar a una definición de la riqueza en los escritos de J.B. Say. En su Traité d'économie politique (Paris, 1803, p. 2) hace del valor (valor de cambio) la fuente del carácter de riqueza de los bienes. Dice que «ce qui n'a point de valeur, ne saurait être une richesse». Esta concepción fue atacada por R. Torrens (An Essay on the Production of Wealth, London, 1821, p. 7), y entonces Say pasó, en su Cours complet d'économie politique pratique (Paris, 1840, I, 66), a la siguiente descripción de los bienes que constituyen riqueza: «Nous sommes forcés d'acheter, pour ainsi dire, ces . . . biens par des travaux, des économies, des privations; en un mot, par de véritables sacrifices.» En este pasaje, Say adopta esencialmente la misma posición que la expresada por Malthus en sus Definitions in Political Economy. Pero un poco más adelante (Cours complet, p. 66) dice: «On ne peut pas séparer de ces biens l'idée de la propriété. Ils n'existeraient pas si la possession exclusive n'en était assurée à celui qui les a acquis. . . . D'un autre côté, la propriété suppose une société quelconque, des conventions, des lois. On peut en conséquence nommer les richesses ainsi acquises, des richesses sociales.»