Apéndice E: El concepto de capital
El error más frecuente que se comete no solo en la clasificación, sino también en la definición del capital, consiste en el énfasis puesto en el punto de vista técnico en lugar del económico. (Contra esta práctica véase también J.F.E. Lotz, Handbuch der Staatswirthschaftslehre Erlangen, 1837, I, 60 ss., y F.B.W. v. Hermann, Staatswirthschaftliche Untersuchungen München, 1874, pp. 221 ss.) La clasificación de los bienes en medios de producción y bienes de consumo (bienes de orden superior y bienes de primer orden) está científicamente justificada, pero no coincide con una clasificación de la riqueza en capital y no-capital. La opinión de quienes emplean el término "capital" para referirse a todos los elementos de la riqueza que rinden un ingreso permanente me parece igualmente insostenible. Pues si el concepto de riqueza se extiende hasta incluir la fuerza de trabajo, y si el concepto de ingreso se amplía hasta incluir los servicios de los bienes de consumo para sus propietarios (véase Hermann, op. cit., pp. 582 ss. y G. v. Schmoller, "Die Lehre vom Einkommen in ihrem Zusammenhang mit den Grundprinzipien der Steuerlehre," Zeitschrift für die gesammte Staatswissenschaft, XIX (1863), 53 ss. y 76 ss.), una extensión consecuente de esta doctrina conduce a la proposición de que la fuerza de trabajo (véase ya N.F. Canard, Principes d'économie politique Paris, 1801, p. 9, y J.B. Say, Cours complet d'économie politique pratique Paris, 1840, p. 144), la tierra (véase Ehrenberg, Die Staatswirthschaft nach Naturgesetzen, Leipzig 1819, p. 13; J.A. Oberndorfer, System der Nationalökonomie Landshut, 1822, p. 207; "Lord Lauderdale on Public Wealth," The Edinburgh Review, IV, no. 8, [July, 1804], 364; Hermann, op. cit., pp. 221 ss.; y L. v. Hasner, System der politischen Oekonomie Prague, 1860, p. 294), y finalmente también todos los bienes de consumo de cualquier durabilidad (Hermann, op. cit., pp. 225-226) deben llamarse todos capital.
Correctamente entendido, sin embargo, el capital consiste solo en aquellas cantidades de bienes económicos que están a nuestra disposición en el presente para períodos futuros de tiempo y que son susceptibles de ser aplicadas a usos cuya naturaleza y carácter económico he expuesto extensamente en el texto de la presente obra (p. 152). Esto significa que deben cumplirse simultáneamente las siguientes condiciones: (1) el período de tiempo durante el cual un individuo económico dispone de las cantidades necesarias de bienes económicos debe ser suficientemente largo para permitir que tenga lugar un proceso de producción (en el sentido económico del término, p. 157); y (2) las cantidades y clases de las cantidades disponibles de bienes deben ser tales que, mediante ellas, el individuo económico tenga disposición directa o indirecta sobre los bienes complementarios de orden superior que son necesarios para la producción de bienes de orden inferior. Por tanto, las cantidades de bienes económicos que están a disposición de los individuos económicos por períodos de tiempo tan breves, o en cantidades, clases o formas tales que su productividad se pierde, no son capital.
La diferencia más importante entre el capital, por un lado, y los elementos de la riqueza que rinden un ingreso (tierra, edificios, etc.), por otro, consiste en que estos últimos son bienes concretos durables cuyos servicios poseen ellos mismos tanto carácter de bien como carácter económico, mientras que el capital representa, directa o indirectamente, una combinación de bienes económicos de orden superior (es decir, cantidades complementarias de estos bienes) cuyos servicios poseen también carácter económico y, por tanto, rinden ingreso, pero cuya productividad es de una naturaleza esencialmente distinta de la de la riqueza durable que no es capital. Casi todas las dificultades teóricas que han surgido en la teoría del capital pueden atribuirse a la confusión lingüística que supone incluir ambas fuentes de ingreso antes mencionadas en el concepto de capital.
El hecho de que, en condiciones comerciales desarrolladas, el capital se calcule por lo general en términos de dinero y, además, se ofrezca con la mayor frecuencia bajo la cómoda forma del dinero a quienes lo necesitan, ha dado lugar a que el capital se interprete generalmente en la vida corriente como una suma de dinero. Es evidente que este concepto de capital es demasiado estrecho, y que una forma particular del capital ha sido elevada a la categoría del género mismo. Por otra parte, el error opuesto ha sido cometido por quienes no consideran en absoluto al capital monetario como verdadero capital, sino solo como su representación. La primera de las dos concepciones es análoga a la de los mercantilistas, que consideraban únicamente el dinero como «riqueza», mientras que la última concepción es la de varios adversarios del mercantilismo que han llevado demasiado lejos su oposición y ni siquiera conceden a las sumas de dinero la condición de verdadera riqueza. (Entre los autores más recientes, véase, sobre todo, Michel Chevalier, Cours d'économie politique, Paris, 1866, III, 584ss., y H.C. Carey, Principles of Social Science, Philadelphia, 1858, II, 337.) En realidad, el capital monetario no es más que una forma cómoda del capital, especialmente apta para su empleo en condiciones comerciales avanzadas. (Véase H. Brocher, «Zwei Worte über Kapital und Geld», Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik, VII (1866), 33-37.) Karl Knies subraya este hecho de la manera más eficaz en su Die politische Oekonomie vom Standpunkte der geschichtlichen Methode (Braunschweig, 1853, p. 87): «Wir finden bei allen einzelnen Nationen in sofern eine Analogie der Entwicklung, als überall das Capital seine wirthschaftliche Kraft erst nach der Einführung und der verbreiteren Anwendung des Metallgeldes stärker entwickeln, seine ausgedehntere Macht erst auf den höheren Culturstufen entfalten kann.» El dinero, desde luego, facilita la transferencia del capital de una mano a otra, y especialmente también la transferencia de los bienes de capital y la transformación del capital en cualquier forma deseada (su aplicación a cualquier uso deseado), pero el concepto de dinero es enteramente ajeno al concepto de capital. (Véase E. Dühring, «Kritik des Kapitalbegriffs und seiner Rolle in der Volkswirthschaftslehre», Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik, V ²⁴, 318–343, y F. Kleinwächter, «Beitrag zur Lehre vom Kapitale», ibid., IX ²⁵, 369–421).