Apéndice C: La naturaleza del valor
Los intentos de determinar los factores comunes a todas las formas del valor de los bienes, y de formular así el concepto general de «valor», pueden hallarse en las obras de todos los autores alemanes recientes que han tratado de manera independiente la teoría del valor. Por lo demás, todos ellos han intentado distinguir el valor de uso de los bienes de la mera utilidad.
Friedländer («Theorie des Werthes», Dorpater Universitäts Program, 1852, p. 48) define el valor como «das im menschlichen Urtheil erkannte Verhältniss, wornach ein Ding Mittel für die Erfüllung eines erstrebenswerthen Zweckes sein kann». (Véase también H. Storch, Cours d'économie politique, St. Petersburg, 1815, I, 36.) Puesto que la relación descrita por Friedländer (siempre que el fin deseado sea la satisfacción de una necesidad humana o un fin causalmente conectado con la satisfacción de una necesidad humana) es lo que origina la utilidad de una cosa, su definición es idéntica a aquella en que el valor de un bien se concibe como consistente en su aptitud reconocida para alcanzar un fin, o como la utilidad reconocida de una cosa. Pero la utilidad es un requisito general del carácter de bien, y la definición de Friedländer es, por tanto, demasiado amplia, con total independencia del hecho de que no toca la naturaleza del valor. En efecto, Friedländer llega a la conclusión (op. cit., p. 50) de que los bienes no económicos son tanto objetos de valoración humana como los bienes económicos.
Como muchos de sus predecesores, Karl Knies («Die nationalökonomische Lehre vom Werth», Zeitschrift für die gesammte Staatswissenschaft, XI ²¹, 423) ve en el valor el grado de aptitud de un bien para servir a los fines humanos. (Véanse también las ediciones anteriores de Die Grundlagen der Nationalökonomie de Wilhelm Roscher, por ejemplo, la cuarta edición, Stuttgart, 1861, p. 5.) No puedo concordar con esta concepción, porque, aunque el valor es una magnitud que puede medirse, la medida del valor pertenece tan poco a la naturaleza del valor como la medida del espacio o del tiempo a la naturaleza del espacio o del tiempo. De hecho, el propio Knies percibe las dificultades a que conduce en última instancia su concepción del valor, ya que reconoce también la conveniencia, la utilidad e incluso el carácter de bien como definiciones del valor, y observa que «die Werttheorie . . . [ist] . . . an einzelnen Stellen thatsächlich im Ganzen auf die Combination beider Bedeutungen des Wortes Werth aufgebaut» (ibíd., pp. 423–424). No alcanza, por tanto, ningún principio uniforme del valor.
A.E.F. Schäffle («Die ethische Seite der nationalökonomischen Lehre vom Werthe», publicado originalmente en Akademisches Programm zur Feier des Geburtsfestes Sr. Majestät des Königs Wilhelm, Tübingen, 1862, y reimpreso en A.E.F. Schäffle Gesammelte Aufsätze, Tübingen, 1885, I, 184–195) parte de la concepción de que «eine potentielle oder actuelle vom Menschen mit bewusstem Willen gestaltete Beziehung zwischen Person und unpersönlichen Aussendingen ist also stets erforderlich, wenn vom Wirthschaften und von wirthschaftlichen Gütern soll die Rede sein können. Diese Beziehung lässt sich nun sowohl von Seite des wirthschaftlichen Objectes als von Seite des wirthschaftlichen Subjectes auffassen. Objectiv ist sie die Brauchbarkeit, subjectiv der Werth des Gutes. Brauchbarkeit (Dienlichkeit, Nützlichkeit) ist die Tauglichkeit der Sache, einem menschlichen Zwecke . . . zu dienen. Werth aber ist die Bedeutung, welche das Gut vermöge seiner Brauchbarkeit für das ökonomische Zweckbewusstsein der wirthschaftlichen Persönlichkeit hat.» (Ibíd., p. 186). Pero el propio Schäffle muestra que esta definición del valor es ciertamente demasiado amplia cuando, en sus escritos posteriores (por ejemplo, Das gesellschaftliche System der menschlichen Wirthschaft, Tübingen, 1873, I, 162), define el valor como «die Bedeutung eines Gutes, um der dafür zu bringenden Opfer». Su definición anterior es demasiado amplia porque los bienes no económicos también poseen utilidad y pueden aplicarse conscientemente a los fines de los hombres aunque no tengan valor alguno. No circunscribe, por tanto, el valor a los bienes económicos, aun cuando Schäffle, agudo erudito, es plenamente consciente del hecho de que el valor nunca se atribuye a los bienes no económicos (Gesammelte Aufsätze, p. 187). Su definición más reciente, en cambio, es claramente demasiado estrecha, pues nada es más cierto que el que existen numerosos bienes económicos que llegan a la disposición de los hombres sin el menor sacrificio (la tierra de aluvión, por ejemplo), y otros bienes económicos más que no pueden alcanzarse mediante ningún sacrificio económico en absoluto (los talentos innatos, por ejemplo). Pero Schäffle, no obstante, puso bajo la luz más clara posible un factor importante para la comprensión más profunda de la naturaleza del valor. Pues, según él, no es la aptitud objetiva de un bien en sí misma (ibíd., p. 186), ni el grado de su utilidad (ibíd., pp. 191–192), sino la importancia de un bien para un individuo que economiza lo que constituye la esencia de su valor.
Una contribución interesante a la correcta concepción del valor fue hecha por H. Roesler ("Zur Theorie des Werthes," Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik, XI ²², 279–313 y 406–419). Roesler llega a la conclusión de que "die herkömmliche Unterscheidung zwischen Gebrauchs- und Tauschwert unrichtig sei und mit dem Moment des nützlichen Gebrauchs der Dinge der Begriff des Werthes absolut nicht verbunden werden könne; dass viel mehr der Begriff des Werthes nur ein einheitlicher sei, die Vermögensqualität der Dinge bezeichne und durch Realisierung der Vermögensrechtsordnung zur concreten Erscheinung komme." (Ibid., p. 406.) El punto de vista peculiar de Roesler resulta evidente en este pasaje, pero también lo es el hecho de que su concepción supone un paso adelante. Pues delimita correctamente la esfera de los objetos que constituyen la riqueza y separa de manera estricta la utilidad de los bienes de su valor. Pero no puedo coincidir con Roesler cuando convierte el carácter de riqueza de un bien en el principio determinante de su valor, ya que tanto el carácter de riqueza de un bien como su valor son consecuencias de una misma relación cuantitativa (la relación descrita en el texto anterior). Además, la concepción que Roesler tiene del carácter de riqueza me parece cuestionable, porque fue tomada de la jurisprudencia (véase ibid., pp. 295 y 302 ss., y también Christian von Schlözer, Anfangsgründe der Staatswirthschaft, Riga, 1805, p. 14). Al igual que su carácter económico, el valor de los bienes es independiente de la economía social, del ordenamiento jurídico e incluso de la existencia misma de la sociedad humana. Pues el valor puede observarse en una economía aislada y, por tanto, no puede fundarse en el ordenamiento jurídico.
Entre los intentos anteriores de definir el concepto general de valor deseo mencionar también los de: Geminiano Montanari (Della moneta, en Scrittori classici Italiani di economia politica, Milano, 1803–5, II, 43); A.R.J. Turgot ("Valeurs et Monnaies" en Oeuvres de Turgot, ed. por G. Schelle, Paris, 1913–23, III, 79 ss.); E.B. de Condillac (Le commerce et le gouvernement, reimpreso en E. Daire, [ed.] Mélanges d'économie politique, Paris, 1847, I, 251 ss.); G. Garnier (en el Prefacio a su traducción francesa de la Wealth of Nations de A. Smith bajo el título La Richesse des Nations, Paris, 1843, I, xlvi ss.); y H. Storch (op. cit., I, 56 ss.). Entre estos, es en particular la definición de valor de Condillac la que guarda no poca semejanza con los desarrollos recientes de la teoría del valor en Alemania.