Apéndice D: La medida del valor
Ya en Aristóteles encontramos un intento de descubrir una medida del valor de uso de los bienes y de representar el valor de uso como fundamento del valor de cambio. En la Ethica Nicomachea (v. 5. 1133ᵃ, 26–1133ᵇ, 10) dice que "debe haber algo que pueda ser la medida de todos los bienes. . . . Esta medida no es, en realidad, otra cosa que la necesidad, que compara todos los bienes. Pues si los hombres no desearan nada, o si desearan todos los bienes del mismo modo, no habría comercio de bienes." Con el mismo espíritu, Ferdinando Galiani (Della moneta en Scrittori classici Italiani di economia politica, Milano, 1803–5, X, 58) escribe "ch'essendo varie le disposizioni degli animi umani e varj i bisogni, vario è il valor delle cose."
A.R.J. Turgot trata este problema en un ensayo del que solo se conserva un fragmento ("Valeurs et Monnaies" en Oeuvres de Turgot, ed. por G. Schelle, Paris, 1913–23, III, 79–98). Explica (pp. 85 ss.) que, cuando la civilización humana ha alcanzado cierto estadio, el hombre comienza a comparar sus necesidades entre sí, con el fin de ajustar sus esfuerzos en la obtención de los distintos bienes al grado de necesidad y utilidad de esos bienes (besoins, palabra empleada con frecuencia en este sentido por los fisiócratas). Al valorar los bienes, el hombre tiene también en cuenta la mayor o menor dificultad de obtenerlos, y Turgot llega así a la conclusión de que "la valeur estimative d'un objet, pour l'homme isolé, est précisément la portion du total de ses facultés qui répond au désir qu'il a de cet objet, ou celle qu'il veut employer à satisfaire ce désir." (Ibid., p. 88.)
E.B. de Condillac llega a otro resultado. En su Le commerce et le gouvernement (publicado originalmente en 1777 y reimpreso en E. Daire [ed.], Mélanges d'économie politique, Paris, 1843, I, 247–445) dice: "On dit qu'une chose est utile, lorsqu'elle sert à quelques-uns de nos besoins; . . . D'après cette utilité, nous l'estimons plus ou moins; . . . Or cette estime est ce que nous appellons valeur." (Ibid., pp. 250–251.) Mientras que Turgot hace del esfuerzo que una persona emplea en obtener un bien la medida de su valor de uso, Condillac sostiene que es su utilidad la medida de su valor de uso. Estas dos concepciones fundamentales han reaparecido con frecuencia desde entonces en los escritos de economistas ingleses y franceses.
Un tratamiento más profundo del problema de la medida del valor de uso se encuentra únicamente entre los autores alemanes. En un pasaje a menudo citado, en el que refuta los argumentos de Proudhon contra la teoría del valor entonces dominante, Bruno Hildebrand (Die Nationalökonomie der Gegenwart und Zukunft, Frankfurt, 1848, pp. 318 ss.) dice: "Da der Nutzwerth immer eine Relation der Sache zum Menschen ist, so hat jede Gütergattung das Mass ihres Nutzwerthes an der Summe und Rangordnung der menschlichen Bedürfnisse, welche sie befriedigt, und wo keine Menschen und keine Bedürfnisse existieren, dort giebt es auch keinen Nutzwerth. Die Summe des Nutzwerthes, welche jede Gütergattung besitzt, bleibt daher, sobald sich nicht die Bedürfnisse der menschlichen Gesellschaft ändern, unveränderlich, und vertheilt sich auf die einzelnen Stücke der Gattung, je nach der Quantität derselben. Je mehr die Summe der Stücke vergrössert, desto geringer wird der Antheil, welcher jedem Stücke vom Nutzwerthe der Gattung zufällt und umgekehrt." El tratamiento de Hildebrand dio un impulso incomparable a la investigación, pero adolecía de dos deficiencias que fueron advertidas (como veremos) por estudiosos posteriores de la teoría, quienes se esforzaron por eliminarlas. En el pasaje citado, lo único que puede significar el valor de una determinada "especie de bienes" es el valor que tiene para la sociedad humana la cantidad total disponible de todos los bienes de esa única clase. Sin embargo, este valor no tiene existencia real. No puede observarse en ninguna parte del mundo real. Pues el valor surge solo para un individuo, y para él solo respecto de cantidades concretas de un bien (véase p. 116 del texto). E incluso si pasáramos por alto esta inexactitud y concibiéramos el "valor de la especie" de Hildebrand como la suma del valor de todos los bienes concretos de una clase dada para los distintos miembros de la sociedad que los poseen, su afirmación seguiría siendo inaceptable, puesto que es claro que una distribución diferente de esos bienes, y más aún un cambio en la cantidad de ellos disponible, modificaría el "valor de la especie" en este sentido y, en ciertas circunstancias, lo reduciría por completo a cero. Si el término se toma literalmente, por tanto, el "valor de una especie de bienes" no tiene naturaleza real y no existe, a menos que se confunda la "utilidad," la "utilidad reconocida" o el "grado de utilidad" con el "valor." Por otro lado, el valor de una especie de bienes, en el sentido de la suma del valor que tienen para los diversos miembros de la sociedad todos los bienes concretos de una clase dada, no es una magnitud invariable, aun cuando las necesidades de los diversos miembros de la sociedad permanezcan sin cambio. El fundamento sobre el que Hildebrand edifica su cálculo es, por tanto, discutible. A esto debe añadirse el hecho de que Hildebrand no toma en consideración las diferencias en el grado de importancia de la satisfacción de las diversas necesidades concretas de los hombres, cuando atribuye el "valor de una especie" a las distintas unidades de la especie según la cantidad. (Véase ya el ensayo de Karl Knies, "Die nationalökonomische Lehre vom Werth," Zeitschrift für die gesammte Staatswissenschaft, XI ²³, 463 ss.) El elemento correcto en la teoría de Hildebrand reside en la observación aguda y universalmente válida de que el valor de uso de los bienes aumenta cuando su cantidad disponible disminuye, y viceversa. Pero va decididamente demasiado lejos al suponer que siempre existe una estricta proporcionalidad entre ambos.
Friedländer ("Die Theorie des Werthes," Dorpater Universitäts Schrift, 1852, pp. 60 ss.) adopta un enfoque distinto en su intento de resolver el problema, y llega a la conclusión de que "die durchschnittliche concrete Bedürfnisseinheit (das Mittel der innerhalb der verschiedenen Classen der Gesellschaft gefundenen besonderen Bedürfnisseinheiten) der allgemeine Ausdruck für den objectiven volkswirthschaftlichen Gebrauchswerth sei, und der Bruch, welcher die Quoten ausdrückt, welche die einzelnen Brauchlichkeiten zur Bedürfnisseinheit beitragen und das Werthverhältnis derselben zur mittleren concreten Bedürfnisseinheit anzeigt, das Mass für den objectiven Werth der einzelnen Brauchlichkeiten abgebe." Creo que esta solución del problema es vulnerable, ante todo, en que implica un completo malentendido del carácter subjetivo del valor cuando se postula un "hombre medio" con "necesidades medias." Pues el valor de uso de un mismo bien suele ser muy distinto para dos individuos diferentes, ya que depende de los requerimientos de cada uno y de las cantidades disponibles para cada uno. La "determinación del valor de uso para el hombre medio" no resuelve, por tanto, realmente el problema, puesto que lo que nos interesa es una medida del valor de uso de los bienes que pueda observarse en casos reales y respecto de personas determinadas. Friedländer no llega, por consiguiente, sino a la definición de una medida del "valor objetivo" de distintos bienes (ibid., p. 68), aunque una medida de esta índole no existe, en realidad.
También Karl Knies ha hecho un penetrante intento de resolver el problema en el ensayo al que ya me he referido. Dice con todo acierto en la p. 429 que "die Bedingungen für die Abschätzung des Gebrauchswerthes der Güter können in nichts Anderem als in den wesentlichen Elementen für den Begriff des Gebrauchswerthes gefunden werden." Pero el hecho de que Knies no circunscriba el concepto de valor de uso con suficiente estrictez (como hemos visto antes en el Apéndice C, p. 293) lo lleva a varias conclusiones dudosas acerca de la determinación de la medida del valor. Knies continúa: "Sonach hängt die Grösse des Gebrauchswerthes der Güter ab (a) von der Intensivität des menschlichen Bedürfnisses, welches sie befriedigen, (b) von der Intensivität, in welcher sie ein menschliches Bedürfniss befriedigen. . . . Hiernach stellt sich eine Classification und Stufenleiter der menschlichen Bedürfnisse ein, mit welcher eine Classification und Stufenleiter der Gütergattungen correspondirt." Pero la necesidad de agua es una de las más intensas necesidades humanas, puesto que nuestra vida depende de su satisfacción, y nadie negará que el agua fresca de manantial satisface esta necesidad del modo más adecuado. Por tanto, si el principio de la medida del valor de Knies fuera correcto, el agua fresca de manantial ocuparía uno de los puntos más altos en la escala de las especies de bienes. Pero las cantidades concretas de este bien normalmente carecen de valor, y las especies de bienes no pueden tener valor en absoluto, como ya he mostrado. Aunque, en el curso de su artículo, tras un extenso examen de la medida del "valor abstracto de los bienes," Knies aborda también el valor de uso de bienes concretos en la economía de un solo individuo (ibid., p. 461), lo hace únicamente para esclarecer la diferencia entre el "valor de una especie de bienes" (en realidad "utilidad") y el valor de los bienes concretos, formulando así muy acertadamente la proposición de que la medida de la utilidad de una cosa es algo fundamentalmente distinto de la medida de su valor. Pero Knies no logra formular un principio para determinar la magnitud del valor de uso en su forma concreta, aunque se aproxima mucho a ello en un punto (ibid., p. 441) de su ensayo, tan rico en sugerencias.
A.E.F. Schäffle ha abordado la solución del problema desde otro punto de vista ("Die ethische Seite der nationalökonomischen Lehre vom Werthe," en Gesammelte Aufsätze, Tübingen, 1885, I, 184–195). Este penetrante estudioso escribe: "Die Thätigkeit des Wirthschaftens wird um so energischer in Anregung kommen, je dringender das persönliche Bedürfniss für ein Gut, und je schwieriger das diesem Bedürfniss entsprechende Gut zu beschaffen ist. Je mehr diese beiden Factoren: Intensivität des Begehrens und Intensivität der Schwierigkeit des Erlangens, auf einander wirken, desto stärker tritt die Bedeutung des Gutes in das die wirthschaftliche Thätigkeit leitende Bewusstsein. Auf dieses Grundverhältniss führen alle Sätze über Mass und Bewegung des Werthes zurück." Coincido plenamente con Schäffle cuando dice que cuanto más apremiante es la necesidad que se tiene de un bien, más enérgica será la actividad económica siempre que sea preciso obtener el bien en cuestión. Pero es igualmente cierto que muchos bienes respecto de los cuales experimentamos las necesidades más urgentes (el agua, por ejemplo) por lo común carecen de valor, mientras que otros bienes que solo son aptos para la satisfacción de necesidades de mucha menor importancia (pabellones de caza, estanques artificiales para patos, etc.) tienen para nosotros un valor considerable. La urgencia de las necesidades que un bien puede satisfacer no puede, por tanto, ser por sí sola el factor determinante del valor de ese bien, aun cuando pasáramos por alto el hecho de que la mayoría de los bienes son aptos para la satisfacción de varias necesidades distintas que difieren en intensidad. De ahí que en esta proposición, dado que la magnitud determinante no se establece con certeza, lo mismo que estaba en cuestión permanece en duda. Pero es igualmente cierto que el grado de dificultad de obtener un bien no es, por sí solo, una medida de su valor. Bienes de muy escaso valor pueden a menudo obtenerse solo con la mayor dificultad, y no es cierto que la actividad económica de los hombres se torne más enérgica cuanto mayor es la dificultad. Por el contrario, los hombres dirigen siempre su actividad económica hacia la obtención de aquellos bienes que, siendo igual la urgencia de las necesidades que los reclaman, pueden adquirirse con la menor dificultad. Ni una ni otra parte del principio bicornio de Schäffle proporciona, por sí sola, el principio determinante de la medida del valor. Aunque dice que cuanto más operan estos dos factores (intensidad del deseo y dificultad de obtención) el uno sobre el otro, con más fuerza entra la importancia del bien en la conciencia que guía la actividad económica, e incluso si suponemos, como Schäffle hace explícitamente, que la actividad económica está "mit Bewusstsein gerichtet auf die allseitige Erfüllung der sittlich vernünftigen Lebenszwecke," (ibid., p. 185) (es decir, en otras palabras, aun si suponemos que los bienes están en manos de individuos económicos racionales, hecho que constituye, como Schäffle ve con todo acierto, un factor esencial para la resolución de su dilema), la cuestión de cómo influyen estos dos factores el uno en el otro, y de cómo, a consecuencia de esta influencia recíproca, cada bien alcanza una magnitud determinada de importancia para los hombres económicos, sigue sin resolverse.
Entre los economistas más recientes que han tratado la teoría de la medida del valor como partes de sus sistemas, debe mencionarse en particular a L. v. Stein por su original tratamiento del tema. Stein define el valor como "das Verhältniss des Masses eines bestimmten Gutes zum Leben der Güter überhaupt." (System der Staatswissenschaft, Stuttgart, 1852, I, 169–170.) En la página 171 llega a la siguiente fórmula para la determinación de la medida del valor: "Das wirkliche Wertmass eines Gutes wird daher gefunden, indem die Masse der übrigen Güter mit der Masse des fraglichen Gutes dividiert wird. Um dieses aber zu können, muss zuerst für die gesamte Gütermasse ein gleichnamiger Nenner gefunden werden. Dieser gleichartige Nennner oder die Gleichartigkeit der Güter ist für sie aber nur gegeben in ihrem gleichartigen Wesen; darin dass alles wirkliche Gut wieder aus den sechs Elementen des Stoffes, der Arbeit, des Erzeugnisses, des Bedürfnisses, der Verwendung und der wirklichen Consumption besteht, indem, wo eins dieser Elemente wegfällt, das Objekt ein Gut zu sein aufhört. Diese Elemente eines jeden wirklichen Gutes sind nun in diesem Gute wieder in bestimmtem Masse enthalten, und das Mass dieser Elemente bestimmt das Mass des einzelnen, wirklichen Gutes für sich. Daraus folgt, dass das Massenverhältnis aller einzelnen Güter untereinander, oder ihr allgemeines Wertmass gegeben ist in dem Verhältniss der Güterelemente und ihrer Masse innerhalb des einen Gutes zu demjenigen innerhalb des andern. Und die Bestimmung und Berechnung dieses Verhältnisses ist mithin die Bestimmung des wirklichen Wertmasses." (Véase también ibid., pp. 181 ss. para una fórmula de la ecuación del valor.)