Apéndice H: El concepto de mercancía
Incluso en el código de comercio alemán el término «mercancía» se emplea en el sentido popular y no en el técnico. Así, a veces se encuentra «bien» (artículos 365, 366 y 367), «objeto» (artículos 349 y 359), o «cosa mueble» (artículos 272, 301 y 342) usado en lugar de la palabra «mercancía». El artículo 271 se refiere a «Mercancías, u otras cosas muebles, o títulos destinados al comercio . . .». Los bienes inmuebles y los servicios laborales nunca se consideran mercancías en el código de comercio alemán. Las empresas tampoco están incluidas. Según el artículo 23, las empresas, al igual que todas las demás «res extra commercium», no pueden ser en absoluto mercancías en sentido jurídico al margen del negocio que lleva el nombre de la empresa. En el derecho mercantil alemán, los barcos no se consideran mercancías (artículo 67), pero en varios otros códigos se los considera «cosas muebles» y capaces de alcanzar el carácter de mercancía (véase L. Goldschmidt, Handbuch des Handelsrechts, Erlangen, 1868, I, 527). Goldschmidt examina la literatura jurídica sobre el concepto de mercancía (ibid., p. 525), pero su propia definición del término es demasiado estrecha desde el punto de vista jurídico, ya que excluye los bienes mantenidos listos para la venta por los productores (ibid., I, 298). En las fuentes jurídicas romanas, «merx», «res promercalis», «mercatura», etc., se usan a veces en el sentido más estrecho de objetos de comercio y a veces en el sentido más amplio de cosas que se ofrecen para la venta (L. 73, §4, Dig. de legat. 32,3; L. 32, §4, Dig. de aur. arg. 34,2; L. 1, pr. §1, Dig. de cont. emt. 18,1; L. 42, Dig. de fidejus. 46,1). El Código Civil austriaco distingue las mercancías de las reclamaciones de deuda (artículo 991).
Con pocas excepciones, la teoría de la mercancía no ha sido tratada de manera independiente por los autores ingleses, franceses e italianos. Las palabras «goods», «marchandises», «merci», etc., se usan casi siempre, no en el sentido técnico, sino en las acepciones populares de «artículos de comercio», «bienes comprables», etc., y de un modo sumamente heterodoxo. A menudo se ha opuesto las mercancías a los servicios laborales y al dinero (Jacques Necker, Sur la législation et le commerce des grains, Paris, 1775, pp. 52–53; Antonio Genovesi, Lezioni di economia civile, en Scrittori classici Italiani di economia politica, Milano, 1803–5, XV, 294). Se las ha contrastado regularmente con los bienes inmuebles (Horace Say, «Marchandises», en Ch. Coquelin y Guillaume, eds., Dictionnaire de l'économie politique, Paris, 1873, II, 131), y a veces se las ha representado como productos de la industria en oposición a las materias primas (François Quesnay, Maximes générales du gouvernement économique d'un royaume agricole, reimpreso en E. Daire, ed., Physiocrates, Paris, 1846, p. 98) o a los bienes de consumo (denrées) (Dutot, Réflexions politiques sur les finances et le commerce, ed. por Paul Harsin, Paris 1935, I, 72). Por otra parte, Montesquieu usa el término «marchandises» en el sentido de «denrées» (De l'esprit des lois, en Oeuvres complètes de Montesquieu, ed. por E. Laboulaye, Paris, 1877, V. 12.). Lewes Roberts, contemporáneo de Thomas Mun, define «las cosas con las que los mercaderes negocian y trafican» como «merchandises», y divide las «merchandises» en «wares» (mercaderías) y «money» (dinero) (The Merchants Map of Commerce, tercera ed., London, 1677, pp. 6–7). El Diccionario de la Academia Francesa (Institut de France, Dictionnaire de l'Académie Française, sexta ed., Paris, 1835, II, 165) define las «mercancías» como «ce qui se vend, se débite, soit en gros, soit en détail, dans les boutiques, magasins, foires, marchés, etc.».
En ocasiones tales como la necesidad de designar las mercancías en el sentido científico más amplio del término, se utilizan circunloquios como los siguientes: «Quantité à vendre» (Necker), «superflu autant qu'il peut être échangé» (Forbonnais), «las cosas que no han llegado a las manos de quienes finalmente han de usarlas» (Adam Smith), y «cio que soprabonda in alcuni per sussistere essi stessi, e ch'essi passano ad altri» (Ortes). Sin embargo, ya en 1776, E.B. de Condillac (Le commerce et le gouvernement, reimpreso en E. Daire, ed., Mélanges d'économie politique, Paris, 1847, I, 261) definió las «marchandises» como «ces choses qu'on offre d'échanger», convirtiéndose con ello en precursor de Henri Storch, quien (escribiendo en francés) da la siguiente definición: «Les choses destinées à l'échange se nomment marchandises.» (Cours d'économie politique, St. Petersbourg, 1815, I, 82.)
Entre los autores alemanes, Justi, Büsch, Sonnenfels y Jakob todavía emplean la palabra «mercancía» en su significado popular. Julius v. Soden define las «mercancías» como «todos los materiales de producción» (Die Nazional-Oekonomie, Leipzig, 1810, IV, 96), y entiende que todas las materias primas y los productos manufacturados quedan incluidos bajo «materiales de producción» (ibid., p. 17). La definición de Gottlieb Hufeland es también demasiado amplia: «Waare [ist] alles . . . was . . . weggegeben, besonders für etwas anderes weggegeben, werden kann.» (Neue Grundlegung der Staatswirthschaftskunst, Wien, 1815, II, 15). Karl H. Rau adopta la definición dada por Storch cuando define las mercancías como «Vorräthe von Gütern, welche zum Tausche bereit liegen» (Grundsätze der Volkswirthschaftslehre, Heidelberg, 1847, p. 164). Añade que la tierra puede ser una mercancía, y que, aunque el dinero no es una mercancía como tal, los materiales con que está hecho sí lo son (ibid., p. 336 y p. 537). De la concepción general que Rau tiene del concepto de «bien» se desprende claramente que solo considera mercancías a los bienes materiales. Casi paralelas a las concepciones de Rau son las de Karl Murhard (Theorie des Handels, Göttingen, 1831, p. 22). Karl S. Zachariä (Vierzig Bücher vom Staate, Heidelberg, 1832, V, parte I, 2) también extiende el concepto de mercancía para incluir la tierra, mientras que Eduard Baumstark (Kameralistische Encyclopädie, Heidelberg, 1835, p. 450) circunscribe de nuevo el concepto a los bienes muebles y exige además que un bien posea cierto grado de comerciabilidad para ser clasificado como mercancía. De este modo se aproxima al concepto popular de mercancía, que vuelve a hacerse dominante en las obras de Fulda, Lotz, Schön y Hermann.
A.F. Riedel y Wilhelm Roscher restablecen el concepto científico de mercancía. Riedel define la mercancía como «die zum Tausch oder Verkauf bereit liegenden Güter»118 (Nationalöconomie, Berlin, 1838, p. 336). Roscher dice que una mercancía es «jedes zum Vertauschen bestimmte Gut»,119 pero entiende por ello «bien económico» (Grundlagen der Nationalökonomie, Stuttgart, 1892, p. 227 y p. 4). La pauta marcada por estos dos autores es seguida por H. v. Mangoldt (Grundriss der Volkswirthschaftslehre, Stuttgart, s.f., p. 45); por Karl Knies («Ueber die Geldentwerthung und die mit ihr in Verbindung gebrachten Erscheinungen», Zeitschrift für die gesammte Staatswissenschaft, XIV, 1858, 266), quien define las mercancías como «für den Verkehr überschüssige Gütern»;120 por H. Rentzsch (artículo «Waare» en Handwörterbuch der Volkswirthschaftslehre, Leipzig, 1870, p. 1042), quien las define como «Tauschwerthe und zum Tausch bestimmte Güter»;121 y en lo esencial también por Leopold v. Hasner, quien elabora el concepto de «existencias comerciales abstractas», que divide en dos subgrupos principales, «existencias de mercancías» y «fondos en efectivo» (System der politischen Oekonomie, Prag, 1860, pp. 288 y 302ss.).
Entre los autores recientes que se adhieren a la idea de que las mercancías son productos deben mencionarse: J.C. Glaser, quien define la mercancía como «jedes Product welches in den Handel kommt» (Die allgemeine Wirthschaftslehre, Berlin, 1858, p. 115); Hermann Roesler, quien define las mercancías como «die für den Umlauf bestimmten oder im Umlauf befindlichen Produkte»122 (Grundsätze der Volkswirthschaftslehre, Rostock, 1864, p. 217); y H. v. Scheel, quien aplica el término mercancías a «die einzelnen zum Tausch bestimmten Produkte»123 («Der Begriff des Geldes in seiner historisch-ökonomischen Entwicklung», Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik, VI ²⁹, 15).
L. v. Stein también usa el término mercancía para significar «das einzelne Product der Unternehmung, als selbstständiges Gut dargestellt» (Lehrbuch der Volkswirtschaft, Wien, 1858, p. 152). En la actualidad, un número considerable de estudiosos muy respetados ha vuelto al uso de la palabra mercancía en su significado popular. Entre otros están Bruno Hildebrand y A.E.F. Schäffle, quienes contraponen las mercancías a los servicios (Bruno Hildebrand, «Naturalwirtschaft, Geldwirthschaft, und Creditwirthschaft», Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik, II ³⁰, 14, y A.E.F. Schäffle, Das gesellschaftliche System der menschlichen Wirthschaft, Tübingen, 1873, II, 124–126). Pero el concepto científico de la mercancía no se ha perdido. Schäffle distingue netamente entre las mercancías en el sentido popular y las mercancías en el sentido científico, y llama a estas últimas «bienes materiales intercambiables» (ibid., II, 142 y passim).
Como muchas de sus otras teorías, la doctrina de las mercancías de T.A.H. Schmalz es también muy peculiar. A causa de una concepción errónea de la relación entre el dinero y las mercancías, confunde las mercancías con los bienes de consumo en el sentido estricto del término, y por ello llega (Staatswirthschaftslehre in Briefen, Berlin, 1818, I, 63s.) precisamente a lo contrario de la definición científica de mercancía dada en la presente obra.